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Un Buen Día de Catequesis

Un Buen Día de Catequesis

Hay unas personas que creen que algunos santos que enfrentaron una gran batalla en su conversión o los grandes problemas de su encuentro con Cristo y que después de eso, todos los días de su vida fueron cada vez mejor y mejor, y ya todo estuvo siempre bien sin problemas.

Si leemos las biografías de esos santos veremos que nada más lejos de la realidad.

Si sólo leemos acerca de un día especial de una victoria espiritual, no veremos que cada día después fue una batalla constante y una lucha continua para permanecer unidos a Jesucristo el resto de sus vidas.

Para nosotros catequistas es la misma realidad,

Jesús nos llama a este hermoso servicio

y nosotros le respondemos con un Sí valiente e indeciso, firme y temeroso,

no sabemos realmente en lo que nos estamos metiendo, ni vemos a donde nos va a llevar esto,

pero sabemos que en este llamado, Jesús nos acompaña, Él nos sostiene, nos protege y nos cuida amorosamente y por eso le damos nuestro Sí con todo el corazón.

No es un Sí que se da una vez y ya todo está resuelto, sino que, igual que los santos, es un Sí que damos todos los días,

que nos exige esfuerzo, sacrificio y penas, pero también nos da momentos de alegría, satisfacción y consuelo, pues sabemos que hacemos lo que Él nos pide y que Él nos da lo que necesitamos para cumplir la vocación que nos regala.

En el Antiguo Testamento, en el libro Sirácida (o Eclesiástico) 2,1 aparece una de las citas bíblicas más importantes para los catequistas (y para cualquier cristiano) dice:

“Hijo, si te decides servir al Señor, prepara tu alma para la prueba”*

Nuestra vocación de catequistas no está exenta de pruebas, problemas y tribulaciones.

Esto es interesante porque hay veces que pensamos que las pruebas indican fracaso o camino equivocado.

Cuando los problemas y tribulaciones en la catequesis y en la vida nos tienen con el agua al cuello recordemos la promesa de Jesús en Juan 16,33:

“Tengan valor. Yo he vencido al mundo” *.

La sabiduría de Dios nos dice que la única salida de las dificultades es a través de ellas. Como lo hizo Cristo.

Porque atravesar las pruebas, continuar la lucha por el anuncio del evangelio, nos transforma, nos hace crecer en el amor a Jesús y a los interlocutores, a nuestras familias y a nuestros amigos.

Sí, el dolor es real, el sufrimiento es real, la prueba es real y también el esfuerzo y el cansancio,

pero como leemos la primera carta de San Pedro 1Pe 1,7:

“la fe puesta a prueba es más valiosa que el oro porque se convertirá en motivo de alabanza, gloria y honor el día que se manifieste Jesucristo” *

Si en la catequesis tenemos un día problemas y broncas, es un día de prueba, y tal vez esto no es tan malo si lo ves desde el punto de vista de la 1ª carta de Pedro.

De hecho, si lo vemos desde una perspectiva de fe, no puedes tener una vida fácil y ser un buen seguidor de Cristo.

La prueba purifica la fe, nos enseña a confiar más en Dios.

Las pruebas nos cambian, no porque somos buenos catequistas ni buenos cristianos, sino porque confiamos en Jesús.

No hay que tener miedo a los retos ni a las dificultades porque Jesús ya venció en todo eso.

También en la misma carta de San Pedro podemos leer:

“Porque es una gracia soportar, con el pensamiento puesto en Dios, las penas que se sufren injustamente” 1Pe2,19*

Si en medio del día difícil y problemático, nos mantenemos en presencia de Dios, estamos viviendo una gracia de parte de Dios.

Es un regalo de Dios, una gracia, soportar las penas e injusticias conscientes de estar en la presencia de Dios.

En este sentido, tener un buen día o un mal día es siempre una gracia de Dios.

Y entonces tenemos dos posibilidades:

1.- Disfrutamos la gracia que Dios nos da cuando el día es bueno, o

2.- Resistimos y aguantamos con la gracia que Dios nos da cuando el día no es tan bueno.

Entonces no hay días buenos ni malos, sólo hay días de gracia.

Cada día es un día de gracia en Dios.

Sea que brille el sol y la vida nos sonría y veamos que nuestras oraciones son escuchadas, diremos: “Gracias Señor por tu gracia”.

Y cuando haya nubarrones de dolor y sufrimiento, cuando fallemos y cuando haya pérdidas o vergüenza y desgracia, siempre diremos: “Ok Dios, Gracias Señor por tu gracia”.

Y porque confiamos en Él, en su gracia, cada día, siempre es un gran día.

*Las citas bíblicas están tomadas de La Biblia Católica de los Jóvenes

 

Todo a Jesús por María. Todo a María para Jesús.