Crecer en Espiritualidad
Las catequistas más activas no son las que tienen más espiritualidad.
El hacer mucho no es espiritualidad.
Porque en última instancia, no se trata tanto de lo que hacemos sino más bien de cómo lo hacemos
Como decía Sta Teresa de Jesús “no construyamos torres sin cimientos porque el Señor no mira tanto la grandeza de nuestras obras, sino el amor con que están hechas”
Esto se aplica perfectamente a nuestra práctica de la catequesis.
También decía la santa: Si nuestras obras brotan de las raíces de la oración y provienen del árbol del amor de Dios se convierten a flores admirables de agradable fragancia, fragancia que no desaparece rápido y tiene un gran efecto.
Esto puede ser una invitación de la santa a que nuestra catequesis no tenga el aroma de nuestro ego sino más bien la fragancia de Cristo
Para esto necesitamos crear y mantener una espiritualidad por medio de una vida de oración teniendo en cuenta que no debe de haber contradicción entre nuestra oración y nuestra vida.
El místico cristiano del siglo pasado San Titus Brandsma afirmaba que la oración no es un oasis en el desierto de nuestra vida, sino que es la vida misma.
En este sentido, vemos crisis y pobreza en nuestras vidas, pero no deben alarmarnos pues más que desgracias, son parte de nuestro proceso de conversión.
Los profetas del Antiguo Testamento, Ageo y Esdras, nos hablan de la reconstrucción del templo de Dios en Jerusalén después del exilio en Babilonia, pero para esta reconstrucción no hablan de un deseo piadoso y optimista sino de números concretos, estadísticas reales y desarrollo de capacidades habilidades humanas.
Cristo es la piedra angular de la construcción de nuestra espiritualidad. Y si se asoman dificultades y tropiezos en nuestro camino y en nuestro esfuerzo de construir nuestra espiritualidad, significa que hay una auténtica esperanza para nuestro caminar. Y Dios nos acompaña en nuestro proceso de cambio y restructuración de nuestra vida, Él va con nosotros en la tarea de construir nuestra espiritualidad. Como dice el mismo profeta Ageo en el capítulo 2, 5: “No tengan miedo”
Estas palabras deben resonar todos los días de nuestra vida como un refugio cuando nos sintamos frágiles en la construcción de nuestra espiritualidad.
No tenemos que hacer esta construcción solos.
Es Cristo mismo quien nos convoca como hermanos y hermanas, y llamar así “hermano” “hermana”, con ese espíritu, a nuestros compañeros catequistas ya es en sí un hermoso signo de una espiritualidad creciente en nosotros.
“ayúdense mutuamente a llevar las cargas” Gal, 6,2
Un espíritu fraternal de generosa ayuda y colaboración se debe hacer evidente en la realidad del servicio catequístico.
Siempre es un reto para la comunidad catequística irradiar la alegría de Cristo resucitado y al mismo tiempo ser un lugar seguro y de paz donde nos cuidamos unos a otros y donde se hace visible el “mandamiento del amor” (Jn 13, 34-35)
Nadie puede permanecer en el amor a menos que persevere en la humildad de dejarse ayudar por Cristo y por los hermanos catequistas.
No hay que olvidar que nuestra vocación de catequistas madura dentro de una comunidad real y visible. La autenticidad y lo atractivo de la comunidad catequística es clave para un acompañamiento eficaz y el testimonio creíble.
Crecer en espiritualidad catequística presenta un reto por partida doble: Por un lado, la tentación de estancarse y quedarse en el mismo nivel de formación o progreso espiritual, en un conformismo “inofensivo” que terminará asfixiando la vocación.
Y, por otro lado, descuidar los elementos básicos de la comunidad catequística como son: las juntas, las horas santas, la formación, la lectio divina, la oración personal, la sana convivencia con los hermanos y hermanas catequistas, las celebraciones, reconciliaciones.
Tenemos que estar atentos a estos dos retos y no creer que la espiritualidad crece solita y el crecimiento en el amor es automático.
La catequista no puede hacer su catequesis de manera individualista y sin la comunidad. Pensar que yo solito puedo y que no necesito de nadie es endurecer el corazón y cerrar los oídos a la voz del Espíritu Santo.
En el evangelio de San Mateo, Jesús no dijo: “Ve y evangeliza, anuncia tú solo” , Jesús dijo claramente “Vayan…, hagan discípulos…, bauticen…, enseñen…Yo estoy con USTEDES…” siempre en plural, siempre en comunidad. Nada de individualismos protagonistas, ni egos catequísticos.
La evangelización que nos manda Jesús, la catequesis en sí y por sí, nace de la comunidad, se da en la comunidad y es para la comunidad. Ese es el servicio. Para eso nos sirve la espiritualidad catequística.
Todo a Jesús por María. Todo a María para Jesús.
Member discussion