Catequista: ¡Cuidado con la mentira!
La Mentira del Enemigo
La mentira que parece que tiene lógica, porque esa es la táctica del enemigo.
La Mentira del Enemigo:
“la serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Dios había hecho y dijo a la mujer: ¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín? Gen 3,1
Imagínate estar en medio del jardín donde todo es bueno, auténticamente, estructuralmente y teológicamente bueno.
Se te ha dado más de lo que puedas contar y catalogar.
La relación para la que has sido creada está intacta, esta sana, te llena.
La tarea que te han encargado es satisfactoria.
La Palabra que te ha sido dada es muy clara.
Y entonces, en medio de lo ordinario, te llegan voces ajenas,
que no te suenan como algo familiar,
y te llegan no con una afirmación,
no con una demanda,
no como un ataque.
Sólo una pregunta:
¿Así que Dios les ordenó…?
No es una acusación. No es un llamado a la rebeldía,
sólo una sencilla manera de meter duda en una mente que no tenía ninguna razón previa para tener dudas.
Y con esas cinco palabritas se introduce el truco más viejo del arsenal del enemigo,
no va en contra del comportamiento de Eva,
ni cuestiona su circunstancia o su situación,
sino que va en contra de la confianza que Eva tiene en lo que Dios dijo,
en contra de la confianza que Eva tiene en la Palabra de Dios
En nuestros días, el jardín ha cambiado,
la táctica no.
El arma más vieja del enemigo no es la negación total,
sino es el introducir sutilmente un cuestionamiento en el espacio donde la Palabra de Dios ya está dicha, ya está establecida.
Si examinamos con cuidado la astucia de la serpiente,
el texto bíblico habla de un ser tramposo, artero, taimado y calculador.
No lanza un ataque frontal porque sabe mañosamente que si se ataca una creencia ésta se hace más fuerte,
pero si la creencia se cuestiona por dentro,
así como que no quiere la cosa, casi sin querer,
esa creencia se derrumba sin que nadie se de cuenta.
Hay que fijarse en lo que la serpiente NO dice.
No dice que Dios está equivocado, no dice que no le hagan caso a Dios.
Sólo pregunta: ¿Así que Dios les ordenó…? Como diciendo ¿De veras Dios les dijo…?
Que es algo completamente diferente a un ataque directo.
Porque pone a la Palabra de Dios como algo que requiere verificación,
que hay que revisar para ver si es cierto.
Algo tal vez Eva oyó mal, o no se acuerda bien,
o que tal vez entendió de una manera que no era tan estricta como ella creía.
No ataca directamente a la Palabra de Dios.
Ataca la confianza que Eva tiene en la Palabra. Eso es algo mucho más taimado.
Esto se parece mucho a lo que vivimos hoy en nuestras vidas: la mentira más peligrosa para nosotros actualmente casi no parece una mentira.
¡Cuidado catequistas!
Cuidado con nuestra vocación, con nuestra práctica, con nuestra catequesis.
Porque la pregunta del enemigo parece como un comentario razonable, como una pregunta legítima.
Se siente como una revaloración lógica de algo que siempre habíamos creído con más confianza y que ahora ya no parece tan confiable.
Preguntas sencillas, pero que siembran duda: ¿De veras dijo Dios que Él proveerá?
Porque parece que no funciona pues hay tanta carencia.
¿De veras dijo Dios que estás perdonado?
Porque parece que sigues cargando el pecado.
¿De veras creíste que Dios te llamó a ser catequista? ¿a ti?, ¿Así como eres?
¿Así que Dios te dijo que todos los niños se iban a convertir con tu catequesis?
Palabras que no suenan como algo de un enemigo, sino como de una reflexión honesta, suena como madurez, no suena nada ingenuo.
Y precisamente ahí está la astucia. La mentira que no se anuncia como mentira, que llega disfrazada de realismo, de lógica, de sabiduría experta.
La pregunta es un arma del enemigo y la duda es el punto de entrada. Y una vez que uno empieza a tratar la Palabra de Dios como algo que necesita verificarse o comprobarse en vez de confiar en ella, ya estamos como Eva, igualito.
La respuesta a esto no es dejar de pensar, no es dejar de cuestionarse sinceramente las cosas difíciles. Dios no les tiene miedo a nuestras preguntas. (en los salmos encontramos muchísimas preguntas humanas legítimas).
A Eva no le tocaba verificar la Palabra, sólo la recibió y confió. Y ese es el meollo de la cuestión. Este es el punto central de lo que realmente se trata todo.
La serpiente sabía que si pudiera cambiar la actitud de “recibir y confiar” a “valorar y reconsiderar” ya le ganaría con más facilidad.
Y así, en nuestra vida de catequista: ¿Qué es lo que el enemigo te pide esta semana que reevalúes y reconsideres?
¿Qué Palabra de Dios te suena con menos certeza que antes?
Identifica bien las preguntas, ¿Qué es lo que te estás preguntando?
¿Qué es lo que te hace dudar? ¿Dónde está empezando la desconfianza?
Mira con cuidado qué es eso donde está la duda
La pregunta del enemigo no da sabiduría.
Es una táctica tramposa, la táctica de que la duda parece como que puedes encontrar la verdad apartándote de la Palabra de Dios.
Como que tu inteligencia y tu experiencia bastan para saber lo que está bien y lo que está mal en la catequesis, en tu vida o en el mundo.
El truco de provocar un cambio sutil y callado de confiar menos en la Palabra de Dios y confiar más en la propia percepción, en la propia inteligencia, en lo que me suena lógico.
No se trata de confiar sólo en lo que yo pienso, en lo que me parece lógico, en lo que me suena bien.
No se trata de lo que siento, ni de lo que me conviene ahorita, ni de lo que la evidencia me sugiere,
se trata de lo que Dios me ha dicho y si yo confío en Él, en su Palabra y en su Verdad.
Entonces tengo que regresar siempre a su Palabra, a su Verdad.
confiar en ella,
confiar en Él.
Confiar en Él en medio de la duda, en medio de la dificultad, en medio de lo que venga.
Creer en su Palabra, que es cierta, es hermosa, es fuerte, es buena, y que me ha sido dada con amor para mi salvación.
Todo a Jesús por María. Todo a María para Jesús.
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