El Catequista dormido en Getsemaní
Cuando leemos el pasaje del evangelio en Getsemaní muchos sentimos pena por Pedro.
Jesús llamó a Pedro Santiago y Juan a seguirlo más adentro en el huerto.
Y les dijo:
“Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí, velando conmigo”. Y se fue a orar. Cuando Él regresó, los encontró dormidos. Y dirigiéndose directamente a Pedro le dijo: “¡Simón! ¿estás durmiendo? ¿No has podido quedarte despierto ni siquiera una hora? Permanezcan despiertos y oren para no caer en tentación, porque el espíritu está dispuesto pero la carne es débil.” Marcos 14, 32-39
Esto que le dice Pedro es una afirmación que al mismo tiempo es honesta y desafiante.
El espíritu de Pedro está dispuesto.
Horas antes le había dicho enfáticamente a Jesús que él nunca lo defraudaría.
Y fue totalmente sincero al decirlo.
Pero la sinceridad no es suficiente.
Cuando el momento requería estar despierto, vigilante y orando, se quedó dormido.
Antes de Pentecostés se ve esto repetidas veces: los discípulos afirman y prometen ser valientes y a la hora de la prueba, todos fallan.
Tienen buenas intenciones, pero todavía no tienen la fortaleza del Espíritu Santo que después tendrán en los Hechos de los Apóstoles.
Después de Pentecostés. Vamos a ver como se unen la oración y la confianza valiente que da el Espíritu Santo en las acciones de los apóstoles,
pero aquí en Getsemaní se ve que las puras buenas intenciones no aguantan la prueba.
El quedarse dormidos en este pasaje no es sólo descanso físico, sino que se convierte en vulnerabilidad espiritual:
Jesús mismo señala la conexión entre el sueño de ellos y la tentación cuando dice:
“Vigilen y oren, permanezcan despiertos y en oración para que no caigan en tentación “
en otras palabras, la falta de vigilancia y oración los va a llevar a fallar como se vio luego:
horas después huyeron y se dispersaron, todos asustados.
Pedro negará a Jesús poco después, pero su caída no empezó en el patio de la casa de Caifás, sino que ya había empezado en el huerto de Getsemaní.
Aquí podemos detenernos y relacionar esto con nosotros.
Todos hemos tenido nuestros momentos de “huerto de Getsemaní”,
ocasiones en que se necesita la oración atenta y la vigilia alerta, y la confianza debe ser fuerte para resistir la presión.
Pero es posible amar a Cristo y estar también como dormido espiritualmente.
Es posible tener un apostolado comprometido y descuidar la oración atenta.
Es posible hablar fuerte y valientemente de Dios y sin embargo, no estar preparado cuando la tentación venga.
Como cristianos y catequistas pensamos que es suficiente nuestra vocación y nuestro apostolado comprometido para garantizar nuestra fidelidad y nuestra adhesión a Jesús en el futuro.
Pedro pensaba igual.
Pero Jesús no le pidió que hiciera promesas más firmes y convencidas. Le dijo que permaneciera despierto y en oración atenta.
Pedro no se quedó dormido por rebeldía, sino porque no estaba preparado.
A veces nuestro “sueño” que nos da como catequistas es nada más estar distraídos, “muy “ocupados”, muy confiados.
Muy confiados que nuestra fe es firme y resistente, pero no pensamos que necesitamos la disciplina de vigilar y orar para no caer en tentación cuando llegue la hora de la prueba.
En Getsemaní los discípulos estaban cerca de Jesús, pero no participaron en Su hora de lucha, estaban presentes físicamente, pero ausentes en mente y espíritu.
Esto nos debe cuestionar en nuestra vida de catequista:
Estamos en medio de la obra de Cristo, pero ¿estamos despiertos y en oración vigilante?
Estamos presentes en el apostolado, pero, ¿estamos distraídos y ausentes en nuestros espíritus?
Estamos seguros de nuestra fidelidad a Dios, pero ¿Descuidamos la disciplina y las prácticas que nos mantiene fiel a Él?
Jesús no rechazó a Pedro por quedarse dormido, pero sí le mostros sus debilidades.
“El espíritu está dispuesto pero la carne es débil” no es un reproche, ni menos una condena, sino es más bien un diagnóstico muy claro.
Todo diagnóstico señala lo que necesita sanación
Las palabras de Jesús a Pedro son las mismas para nosotros: “despierto y en oración” vigilar y orar.
No porque ya estemos perdidos, sino por lo que va a venir.
No porque dudemos de nuestro amor a Jesús, sino porque nuestro amor necesita hacerse fuerte por medio de vigilia atenta y oración alerta.
Getsemaní nos recuerda que la falla comienza sin notarse, no es la negación pública y notoria, sino es quedarse dormido en los laureles, sin querer.
La pregunta que podemos hacernos es si nos estamos quedando dormidos espiritualmente,
confiados en que nuestra fe es firme porque damos catequesis y vamos a misa los domingos.
Pensando que nuestra confianza en Dios es fuerte y no necesitamos orar tanto.
Ojalá que aprendamos a permanecer despiertos con Jesús, en oración atenta y alertas. No con ansiedad y ni estresados por el miedo a caer en tentación, sino con la confianza de que aún con nuestra oración humilde y sencilla y nuestra vigilia vacilante, dependemos de Jesús y que Él está cerca y siempre es fiel, aunque los discípulos no lo sean.
Todo a Jesús por María. Todo a María para Jesús
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