Tres Fuentes de la Espiritualidad del Catequista
La espiritualidad es un don de Dios
Pero es un don-semilla.
Esto quiere decir primero que la espiritualidad es un regalo inmerecido que Dios nos da por su inmensa bondad.
Y también es semilla porque implica que a nosotros nos toca sembrarla cultivarla, cuidarla para que crezca y de fruto “en abundancia”.
La espiritualidad entonces se debe cultivar poco a poco en todos los aspectos de nuestra vida.
No es algo que se adquiere toda de una vez y ya se tiene a disposición cuando uno quiera o necesite.
Debe crecer con nuestro esfuerzo y la ayuda de Dios, sin prisas, en el tiempo de Dios, y poco a poco ir abarcando las diferentes dimensiones de nuestra vida
La espiritualidad no es una parte de la vida, sino la totalidad de la vida guiada por el Espíritu Santo
El catequista puede nutrir su espiritualidad personal de varios elementos fundamentales que le permiten crecer en su relación con Dios y vivir una vida en conformidad con el llamado de Jesús le ha hecho y la respuesta generosa que el catequista quiere dar tanto en la catequesis como en su vida de todos los días.
Hay varias fuentes que el catequista puede usar para dar vida a la espiritualidad que Dios le regaló.
Aquí veremos solo tres de ellas.
La primera y principal de estas fuentes es la Palabra de Dios.
Ella se nos presenta como una luz resplandeciente para el sendero de nuestra vida, permitiéndonos ver y comprender con mayor claridad el llamado personal que Jesús nos ha extendido.
"Tu Palabra me da vida... en Ella esperaré", cuando cantamos esto enfatizamos su poder vivificante y su capacidad para anclar nuestra esperanza. Es en la meditación y el estudio de esta Palabra donde encontramos dirección y consuelo, discerniendo la voluntad de Dios para nuestra existencia y para nuestra tarea evangelizadora.
La Palabra de Dios actúa como lámpara que ilumina nuestro sendero personal y vocacional. En ella, el catequista descubre el rostro de Aquel que lo llama y lo envía. Meditar la Escritura es, en cierto modo, sentarse a los pies del Maestro para escuchar su voz y recibir su aliento.
El amor de catequista a la Palabra de Dios es fundamental para que los interlocutores también la descubran y la amen.
Una segunda fuente vital es la liturgia, especialmente en los sacramentos. En estos ritos sagrados, Dios mismo nos comparte Su vida, nutriéndonos y sosteniéndonos en nuestro caminar. La liturgia es el espacio donde se nos repara y conforta en nuestra fragilidad, infundiendo fuerza e impulso a nuestra labor de evangelización en la catequesis. Participar activamente en la liturgia nos conecta íntimamente con la gracia divina, que es el verdadero motor de nuestra misión.
Los sacramentos reparan la debilidad humana, ofrecen consuelo en los momentos difíciles y proporcionan el impulso necesario para continuar la tarea evangelizadora con renovado vigor.
Esto es especialmente cierto cuando el cansancio o la rutina amenazan con disminuir nuestro esfuerzo, nuestras ganas, nuestra voluntad de servir.
La tercera fuente de espiritualidad
La catequesis misma también nos ayuda a crecer nuestra espiritualidad a través del intercambio que llevamos a cabo con nuestros interlocutores.
Esto sucede tanto al momento de preparar lo que vamos a compartir con ellos; al pensar ideas, al buscar las mejores imágenes, al planear actividades que los lleven y los centren en el amor a Jesús
Igualmente sucede durante la catequesis misma: con nuestro mejor esfuerzo nosotros facilitamos el encuentro con Jesús, también ellos nos enriquecen con su experiencia de fe que va creciendo ante nuestros ojos y al mismo tiempo desafían y purifican nuestra propia fe.
En la catequesis se abren espacios donde Dios se manifiesta, a menudo de formas inesperadas.
La preparación meticulosa, la escucha atenta y el diálogo abierto crean espacios sagrados donde Dios se manifiesta, a menudo de maneras que no nos imaginamos, revelando su presencia tanto a nosotros como a nuestros interlocutores.
La catequesis misma es una gran oportunidad para cultivar nuestra espiritualidad y es bueno que la sepamos aprovechar.
Hay que dar gracias a Dios porque con la vocación que nos dio nos muestra un camino para acercarnos más a Él que no todos tienen.
Estas tres fuentes de espiritualidad nos ayudan a crecer en el Amor a Jesús, no son las únicas, ciertamente, pero sí nos sirven muchísimo para ir profundizando cada vez más en la vocación de catequistas con que el Señor nos bendijo.
Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús.
Member discussion