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La Negación de Pedro y el Catequista

La Negación de Pedro y el Catequista

La Reivindicación de Pedro

El fracaso de Pedro no fue algo en privado.

Fue estruendoso. Fue público. Y fue en varios niveles.

No solo negó a Jesús una vez. Lo negó tres veces.

De manera progresiva.

Intensificándose cada vez.

Para la tercera vez, Pedro no sólo está confundido y presionado.

Está desesperado y es muy enfático, su negación es total.

La Escritura dice que hasta dijo maldiciones y juró que no conocía a Jesús.

Y entonces cantó el gallo.

El Evangelio de Lucas nos cuenta algo que Juan no menciona.

En el momento en que el gallo cantó, Jesús se volvió y miró a Pedro.

En el momento de la negación, sus ojos se encontraron.

Pedro no necesitaba un reproche. Ni necesitaba regaño para darse cuenta.

Sabía exactamente lo que había hecho.

Y salió y lloró amargamente.

Ese detalle es importante, porque el dolor de Pedro no fue superficial.

No lo dejó indiferente.

Quedó destrozado.

Lo que significa que cuando llegamos a Juan 21 después de la resurrección, Pedro no está cargando una culpa cualquiera.

Está cargando un fracaso que lo destroza por dentro en su propia identidad.

Después de la resurrección, Pedro no se apresura a querer ser el líder otra vez.

No intenta reincorporarse al grupo: Regresa a pescar.

Esto es importante.

Pescar no era un pasatiempo para Pedro.

Era su vida anterior.

Regresar a pescar no fue para relajarse y descansar.

Fue una retirada, una renuncia.

Pedro estaba diciendo sin palabras: “soy un fracaso”, "Esa versión de mí ha terminado"

El fracaso no sólo lo hizo sentirse avergonzado, sino que reescribió su futuro en su propia mente para regresar a lo de antes de conocer a Jesús.

Ahí es donde Jesús lo encuentra.

No en una sinagoga.

No en un momento privado de terapia.

No en un rincón tranquilo.

Jesús encuentra a Pedro delante de todos, junto a una fogata con brazas.

Ese detalle es intencional.

La única vez que aparece también una fogata con brazas en los Evangelios es durante la negación de Pedro.

Jesús recrea el escenario, pero no para retraumatizar a Pedro.

Lo recrea para reescribir el significado de lo que pasó.

Jesús no dice: "Pedro, ¿por qué me negaste?"

Jesús no dice: "Explícate".

Jesús no le dice que se disculpe, ni que pida perdón.

En cambio, hace una pregunta.

"Simón, hijo de Juan, ¿me amas?"

Aquí es donde la Gracia hace algo mucho más profundo que la religión sola nunca haría.

Jesús no redime a Pedro recordándole su pecado.

Jesús redime a Pedro devolviéndole la confianza y la responsabilidad.

Tres veces Pedro negó a Jesús.

Tres veces Jesús pregunta sobre su amor.

Pero fíjate lo que Jesús dice después de cada respuesta.

"Apacienta mis corderos".

"Pastorea mis ovejas".

"Apacienta mis ovejas".

Jesús no dice: "Estás perdonado".  Sino que demuestra el perdón asignándole de nuevo el propósito que Él mismo ya le había dado a su vida: Eres la Roca

Esta es la enseñanza que la mayoría de las personas no captan.

Jesús no sana a Pedro hablando de lo que salió mal, ni haciendo reclamos.

Sana a Pedro recordándole que Él todavía confía que él sea lo que Él le encomendó

Y lo hace públicamente delante de los demás.

Los mismos discípulos que vieron a Pedro jactarse y presumir.

Los mismos discípulos que vieron a Pedro fallar.

Los mismos discípulos que vieron a Pedro rendirse y regresar a pescar.

Ahora ven a Jesús devolver el liderazgo al hombre que lo negó tres veces.

Aquí llegamos a uno de los miedos más profundos que tenemos los catequistas.

"Quedé mal públicamente".

"La gente sabe lo que fallé".

"Mi pasado descalifica mi vocación de catequista".

Pero el evangelio en Juan 21 nos dice lo contrario.

Jesús nunca trata a Pedro como mercancía dañada.

Nunca le reduce la vocación.

Nunca le rebaja la misión

Nunca le pone un período de prueba después de haber fallado.

Simplemente lo restablece como la Roca (Petrus = roca)

Lo redime no borrando el pasado, sino negándose a dejar que el pasado le defina el futuro a Pedro

Y fíjate esto. Jesús nunca dice: "No lo vuelvas a hacer".

Dice: "Sígueme".

La gracia que da Jesús no te vigila para ver si ahora sí lo haces bien.

La gracia te restablece con la confianza de Jesús en ti.

La negación de Pedro no eliminó su llamado, ni su vocación, pero reveló la diferencia entre la confianza en uno mismo y la dependencia de la Gracia.

Por eso Pedro se vuelve valiente después de Pentecostés.

No porque nunca volvió a fallar. Sino porque su identidad ya no estaba atada a que si hacia bien las cosas que Jesús le encargó o que si fallaba.

El mensaje no es que Pedro se volvió lo suficientemente fuerte para ser el líder.

Sino que Jesús fue lo suficientemente bondadoso para confiar en él nuevamente.

Esto es lo que la obra consumada de Jesús significa para nosotros hoy.

Tu peor momento como catequista no tiene el poder para cancelar el llamado de Dios te ha hecho.

Tu fracaso no supera la obra que Cristo realiza en tí y a través de ti.

Tu negación no sorprende a Aquel que te llamó.

Jesús no te rehabilita reprochándote tu fracaso, sino que te rehabilita volviendo a llamarte como catequista.

Y si Él confió en Pedro nuevamente, no duda en confiar en ti también y contar contigo otra vez.

Ánimo.

Todo a Jesús por María. Todo María para Jesús