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La Fe del Catequista

La Fe del Catequista
Photo by Zhen Yao / Unsplash

La fe es escuchar y actuar

Muchos dicen: creer es un sentimiento, sólo creo cuando siento a Dios.

Si sólo creo en Dios cuando lo siento, ese no es Dios. Ese Dios no existe, sólo te lo estás imaginando a tu conveniencia.

Creer en Dios es más que sentimiento y emociones. Los sentimientos y emociones son buenos, son perfectamente humanos, pero no son una brújula que guíe nuestras intenciones, no pueden ser la base de la fe.

La fe es creer en Dios no porque lo sentimos sino porque Él es Dios y sabemos que es Dios.

¿Cómo sé si tengo fe?

Si tenemos fe no es porque sentimos mucho la presencia de Dios, ni tampoco por tener convicciones profundas sobre su existencia.

Tomemos por ejemplo a Abraham, a quien San Pablo llama “Nuestro padre en la fe”. Abraham tuvo fe, es decir, Dios le habló y él actuó de acuerdo a Su palabra. Dios le dijo “Sal de tu tierra” y él salió sin saber exactamente a dónde iba.

La fe es entonces escuchar y actuar de acuerdo lo que Dios nos pide. Así como Abraham, también nosotros debemos responder con nuestro actuar. El Espíritu Santo nos dice qué hacer, qué paso dar, pero no nos dice hacia a dónde va el camino, ni por qué hacerlo, nicon qué fin o propósito. Ni tampoco sabemos cuál es el segundo paso hasta que no acabemos de dar bien el primero. Hacemos como Abraham, Dios le hablaba y él hacía lo que Dios pedía sin saber bien las razones, ni preguntar, ni pedir explicaciones, sólo obedecía.

Esta es la historia de toda persona de fe, y también lo vemos en el libro del Éxodo, cuando Dios le dice al pueblo que camine, ellos caminan, cuando Dios dice alto, ellos se paran. Así nosotros; Dios habla nostros actuamos, obedecemos

Eso es la fe: hacer lo que Dios dice.

La fe es obediencia, no es sentimiento, ni estado de ánimo, ni emoción, ni siquiera es estar plenamente convencido. Si no hay obediencia no hay fe. Como dice Jesús en el evangelio de Lucas 12,43-47:

El Señor dijo: “Supongan que un administrador, puesto por su amo al frente de la servidumbre, con el encargo de repartirles a su tiempo los alimentos, se porta con fidelidad y prudencia. Dichoso este siervo, si el amo, a su llegada, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que lo pondrá al frente de todo lo que tiene. Pero si este siervo piensa: ‘Mi amo tardará en llegar’ y empieza a maltratar a los criados y a las criadas, a comer, a beber y a embriagarse, el día menos pensado y a la hora más inesperada, llegará su amo y lo castigará severamente y le hará correr la misma suerte que a los hombres desleales.

 En esta parábola, el sirviente que sabe lo que quiere su patrón y lo hace, y el otro sirviente que sabe lo que quiere su amo pero no lo hace, el primero es recompensado y el segundo es castigado a golpes.

Para responder la pregunta: ¿Cómo sé si tengo fe?, pregúntate: ”¿Estoy haciendo lo que sé que debo hacer?" ¿Estoy haciendo lo que me toca hacer como catequista?, como miembro de la comunidad?, como miembro de mi familia?

El secreto de la fe

El secreto de la fe (o de la santidad) como dice Santa Ana Isabel Seton es:

1. Haz la voluntad de Dios, haz lo que Dios quiere.
2. Hazlo como Dios lo quiere.
3. Hazlo porque Dios lo quiere.

 

¿Quieres saber si tienes fe? Levántate y haz lo que dice el Maestro. En el momento en que lo haces, instantáneamente ya eres un discípulo.

Pero pregúntate: si lo hago porque Él lo dice, hazlo. Si lo hago por otra razón, no lo hagas. Hago hoy algo simplemente porque Jesús me dice: “Hazlo” y lo hago. O no lo hago simplemente porque Jesús me dice: “No lo hagas”, y no lo hago.

Hago las cosas que Dios me pide, como Él me las pide y porque Él me las pide aunque yo no vea los resultados inmediatos , aunque no note una diferencia ahorita ni después, sino que las sigo haciendo porque si Dios me las pide Él va a hacer la diferencia cuando Él quiera, con mi obediencia, con mi fe, con la confianza que yo pongo en Él.

No se trata de hacer lo que Dios quiere para tener más fe, la fe no es un producto que acumulas, ni un objeto que guardas, no es una cosa que tienes y va creciendo dentro de ti y aumenta su volumen como si llenaras un tanque dentro de ti, y que luego les vas a convidar "porciones" de tu fe a los que te escuchan en la catequesis.

La fe es más bien una disposición a Dios, que tan disponible estoy para Dios. La fe es mi respuesta al mundo que el que Dios me ha puesto, al mundo que me rodea y al mundo dentro de mí.

La fe es mi respuesta que consiste en un SÍ a Dios, sí en todo momento:

  • si me pide que lo adore, mi respuesta es sí
  • Si me pide decir no al pecado, digo no
  • Si me pide que regrese a Él, regreso
  • Si me pide que me levante de mi caída, lo hago
  • Si me pide que descanse, que haga una pausa, aunque tenga mucho que hacer, digo sí 
  • Si me pide que me tranquilice, que respire, que me calme, le digo sí
  • Si me pide que calme mi sed y que disfrute el taco, mi respuesta también es sí
  • Si me pide que mi descanso descanse a otros, se lo doy

La respuesta siempre es “Sí” a Dios. Decir sí a Dios en el mundo en el que Él me ha puesto, decir sí aún en momentos difíciles y en conflictos, y frente a la injusticia y a la maldad no ignorarlas y decir sí a luchar y vencer, también a luchar y perder. En todo, decirle “Sí”, con todo el corazón, porque éste es el secreto de la fe: decirle Sí a lo que Él quiere, como Él lo quiere, porque Él lo quiere.

“Como Él quiere”

Hacer las cosas que Dios quiere, hacer lo que me pide porque Él lo pide parece simple de entender. Lo difícil es hacerlo “como Él lo quiere”.

Yo puedo hacer lo que Él quiere, porque Él lo quiere, pero si lo hago poniendo mala cara, o lo hago como a mí se me da la gana o al “Ahí se va”, no estoy haciendo las cosas como Él quiere.

Si hago lo que Él me pide, de malas, o regateando mi corazón o con resentimiento, lo que hubiera sido un gran acto de fe pierde toda su grandeza y yo mismo me estoy poniendo obstáculos en mi camino a la santidad.

Por otro lado, hacer la voluntad de Dios no significa que siempre tengo que estar sonriendo y cantando alegremente cuando hago lo que Él quiere. Hay que recordar a Jesús mismo cuando fue a Betania y su amigo Lázaro había muerto, Jesús lloró conmovido, es decir, Él estaba comprometido con la realidad en la que el Padre Celestial lo puso; o también cuando estaba haciendo oración en el Huerto de Getsemaní, no estaba dando brincos de alegría, ni cantando canciones, estaba sudando gotas de sangre, es decir, estaba comprometido a fondo con la voluntad del Padre en la realidad que el Padre lo había puesto.

Hacer la voluntad de Dios como Él quiere significa simplemente estar comprometido con la situación en que me encuentro porque Él me puso aquí. Es poner el foco de mi atención en lo que Dios me pide, no en mis sentimientos o en mi conveniencia o comodidad, comprometido en lo que hago porque Él lo quiere. Entonces me comprometo con mis niños, con mi formación, con mi espiritualidad.

Eso es estar disponible para Dios, pues si Dios está aquí y me quiere aquí, y si hago lo que Él me pide, es importante y significativo, y tiene un efecto transformante de la realidad que tal vez yo no voy a ver o experimentar, pero Dios lo va a actuar a su tiempo a través de mi “Sí” comprometido.

¿Cómo saber si tenemos fe? Para saberlo tenemos que contestar primero la pregunta: ¿Estoy haciendo lo que Dios quiere? ¿Hago lo que yo sé que Dios quiere? ¿Estoy haciendo hoy alguna cosa, por pequeña que sea, simplemente porque Él me pide que la haga? Y luego, nos preguntamos: ¿La estoy haciendo como Él quiere, como Él me pide que la haga?

En cada momento, en cada situación, en cada circunstancia hacer lo que Dios quiere, como Él lo quiere, porque Él lo quiere eso es caminar en la fe.