La Disciplina del Catequista
Jesús nos ha dado una vocación de catequista.
Él nos ha llamado para servirlo en este ministerio.
No nos ha llamado porque seamos los mejores ni los más aptos para este servicio a la evangelización.
Sino que como dice claramente el evangelio, Jesús llama a los que Él quiere.
Él quiere llamarnos a evangelizar a los niños y adultos por medio de nuestras voces y palabras, de nuestras manos y pasos, de nuestro testimonio y entusiasmo.
Tal vez alguien pueda decir que no esta lista, que le falta mucho para tener las habilidades necesarias para ser catequista.
Puede ser.
Pero Jesús no se equivoca y si nos llama es porque Él ve algo en nosotros. Algo que, aunque creamos que no tenemos, Él ya nos lo ha dado y nos pide que lo desarrollemos.
Algo como una habilidad, un talento, una cualidad para la catequesis que aunque nosotros no veamos en este momento, Él sabe que podemos cultivar y hacer crecer para dar mucho fruto.
A ese algo que Jesús ve en nosotros lo podríamos llamar POTENCIAL.
Si Dios nos da la vocación de catequistas es porque ya tenemos el potencial para serlo
Ya nos ha otorgado los talentos suficientes para que los hagamos crecer y poco a poco dar los frutos que Él quiere, tanto en las personas a las que servimos como en nosotros mismos.
Pero esos talentos no van a crecer solitos, esas habilidades no se van a desarrollar por sí mismas, necesitan de nuestro esfuerzo.
Nuestro esfuerzo y dedicación son la manera como agradecemos a Jesucristo el gran honor y privilegio que nos concede al llamarnos a su servicio.
Nuestra actitud y empeño son la respuesta de amor al amor que Él nos tuvo primero al pedirnos que le ayudemos a anunciar el evangelio.
Talentos, habilidades, cualidades, esfuerzo, actitud, empeño… todo esto es el potencial que tenemos y que podemos poner a disposición de Nuestro Señor en la catequesis.
Pero, ¡Cuidado! Como dice el dicho: “Potencial sin disciplina termina en tragedia”
Esto quiere decir que es una verdadera tragedia que, sin disciplina, el potencial no se aprovecha, se desperdicia y se pierde.
¿Qué quiere decir esto para el catequista?
· Pues que, si no tenemos la disciplina de iniciar y continuar una vida de oración, nuestra catequesis no va a dar frutos.
· Que, si no adoptamos la disciplina de leer, estudiar y formarnos como catequistas, no vamos a crecer en el servicio a la evangelización y los frutos van a ser escasos o nulos.
· Que, si no desarrollamos la disciplina de un encuentro profundo con la Palabra de Dios, frecuente, personal, amoroso, nuestra vocación se va a marchitar con el tiempo (No se refiere esto a un estudio de la biblia, pero ciertamente que estudiar la biblia nos va a ayudar en nuestra vocación).
· Que, si no tenemos la disciplina de dar testimonio en nuestra vida diaria, en lo que hacemos y vivimos todos los días en la familia, en el trabajo, en la escuela o en la comunidad, no vamos a ser coherentes y nadie va a creer nuestras palabras.
En este punto, conviene recordar el evangelio de Lucas capítulo 13, 22- 24:
De camino a Jerusalén, Jesús enseñaba a la gente de los pueblos y aldeas por donde pasaba. Una vez, uno le pregunto: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?”. Jesús les dijo: “Esfuércense en entrar por la puerta angosta, porque les digo que muchos intentarán entrar, pero no podrán”.
La palabra clave en este pasaje es Esfuércense.
Jesús nos dice a los catequistas: “Esfuérzate”, o sea, es un llamado a estar más cerca de Él para poder hacer lo que Él nos pide. El llamado a seguirlo más de cerca necesita disciplina y esfuerzo dirigido y consciente hacia tu desarrollo como catequista si lo que quieres es de veras es decir sí al llamado que Jesús te hace.
Viniendo de Jesús, “Esfuérzate” es un voto de confianza de que puedes lograrlo. Jesús dice esto porque sabe que tienes lo que se necesita para lograrlo, no te pide un imposible.
Todo el mundo tiene talentos, y capacidades que Dios les ha dado para vivir una vida de bien. Unos los desarrollan mucho, otros menos y otros ni siquiera se enteran que los tienen. Y todos viven una vida normal.
Todos los que tienen talentos son gente normal pero si quieren desarrollarlos no deben vivir como gente ordinaria y de hecho, se les nota cuando viven una vida diferente a los demás.
Por ejemplo: Si un atleta viviera como todos los demás, nunca tendría oportunidad de ganar competencias y llegar a las olimpiadas, sin importar sus cualidades, talentos, capacidades y potencial.
Pero si viven de manera diferente: se esfuerzan, se empeñan, se comprometen pueden llegar a ganar y lograr triunfos importantes.
Y esa manera diferente de vivir se les nota en su comportamiento y en el tipo de vida que llevan.
Así también con los catequistas, se nota si tienen disciplina, si se esfuerzan y se comprometen con Jesucristo. Lo ven los interlocutores, niños, papás, adultos, los miembros de la comunidad.
Se les nota la alegría del evangelio. Su testimonio es válido y creíble.
Y lo importante no es la disciplina en sí y por sí misma, sino que la disciplina, el esfuerzo, la dedicación y el compromiso, sí que son el camino a lo importante.
Porque lo importante es la respuesta generosa que damos a Jesús; es decir un Sí incondicional a su llamado, un Sí que se va formando y completando en el tiempo con nuestro empeño, nuestra dedicación, nuestra disciplina. Un Sí, que es un camino largo de esfuerzo constante, en el que nos acompaña el Maestro mismo y nos sostiene el Espíritu Santo y que nos conduce a que la alegría de Jesús sea completa.
Un catequista es alguien que está dispuesto esto.
Un ejemplo sencillo : ¿Qué estás dispuesto a cambiar en tu horario que te ayude a estar más cerca de Jesús? ¿Qué estás dispuesta a cambiar hoy? ¿o mañana?
¿Qué cambios vas a hacer en tu semana para acerarte más a Él? ¿o en la semana que entra?
¿Qué cambios estamos dispuestas a hacer este mes para dar a Jesús un Sí mas completo en nuestra catequesis? ¿y el mes que entra?
¿Qué estas dispuesto a cambiar en tu vida para que al final de este año estés más cerca de Jesús y tu respuesta a Su llamado sea más generosa y amorosa? ¿y para el año que viene?
Así de simple.
No necesitamos ser catequistas perfectos, sólo necesitamos la disciplina de un esfuerzo generoso que poco a poco nos acerque a Él para que nuestra catequesis lo llene de alegría
Sólo necesitamos la voluntad y la ganas de decidirnos.
De empezar.
O de empezar de nuevo.
Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús
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