¿Es el Catequista un Fan de Jesús?
Un auténtico fan está dispuesto a sacrificarse por aquello de lo que es fan.
Si eres fan de un equipo, pagas para ir al estadio y hasta viajas a otras ciudades para verlos jugar, lo sigues en redes sociales y estás enterado de los jugadores, compras la camiseta y la luces a veces soportando burlas y críticas.
Igual con un cantante o grupo musical. Pagas para verlos. Boletos caros.
Si ser fan no te cuesta nada entonces no vales mucho como fan.
En el evangelio de Lucas capítulo 14 encontramos la situación de los fans de Jesús. La trayectoria de Jesús hasta ahora es formidable: milagros portentosos, enseñanzas nuevas, sermones profundos, grandes masas seguían a Jesús, miles de fans.
Pero Jesús está en camino a Jerusalén. La gente, los fans creen que va allá para ser coronado Rey porque él es el Mesías, pero Jesús sabe que ir a Jerusalén es ir a morir y es en este momento cuando da uno de los discursos más duros y difíciles: Renunciar a padre, madre. hermanos o hijos por él; amarlo más a él o si no, no eres discípulo.
Jesús conoce la fe de los que le siguen, sabe que es por lo admirable de sus palabras, hechos y actitudes que las multitudes lo siguen. Pero él quiere mucho más que sólo admiración, más que solamente creer en él.
Con ese discurso tan exigente Jesús no quiere ahuyentarte, sino que quiere que estés más cerca de él: más que un fan, te quiere discípulo.
Cuando en el camino de la vida encontramos algo que nos gusta y que realmente queremos, siempre preguntamos el precio: ¿Me puedo dar el lujo de adquirirlo? ¿Lo puedo pagar?
Si quieres ser discípulo entonces te preguntas: ¿Cuánto cuesta ser discípulo? ¿Cuánto vale seguir a Jesús? ¿Puedo pagarlo?
La fe tiene grados. Hay mucha gente que dice creer en Dios, que cree en Jesús, pero este nivel de fe no es suficiente.
Hay muchos fans de Jesús que dicen que sí creen que Dios existe y que Jesús es Dios, pero que, a la hora de tomar decisiones en su vida diaria, ni siquiera se acuerdan de Él.
Tienes que preguntarte qué clase de fe tienes: ¿la fe de un fan? ¿O la fe de un discípulo?
Si mi fe es nada más lo que yo creo (fe de fan), mi fe no tiene poder, porque no cuesta mucho, no vale tanto.
Para que nuestra fe no se quede a nivel de fan, Jesús nos invita a seguirlo más de cerca, no como fan que nada más admira a Jesús, sino como discípulo, es decir, entrar en una relación auténtica con el Maestro de tal manera que el seguimiento nos haga más como Él es.
Jesús te pide más, no solo que creas en él, sino que le creas, que lo tomes en serio, que le creas cuando dice: ”Deja todo. Ámame más a mí que a toda tu familia y a todas tus cosas si quieres ser mi discípulo”
Aquí entonces cabe la pregunta: ¿Cuánto me cuesta ser discípulo de Jesús?
El precio, dice Jesús, es que tienes que tienes que amarlo más que a tu padre, madre, hermanos, esposo, hijos… incluso más que ti mismo.
Si lo vemos desde el punto de vista de las relaciones, nuestras relaciones personales con nuestros padres, hermanos, esposos e hijos son importantes, nos definen, nos hacen lo que somos. Con base en estas relaciones tomamos decisiones diarias para mantenerlas, sostenerlas y cuidarlas de los peligros. Todas nuestras decisiones cuentan, para bien o para mal, en las relaciones con estas personas nuestras.
Ahora, lo que Jesús nos pide es que la relación con Él sea la que nos define, pues Él nos va a transformar en lo que debamos ser. Él va a hacer de nosotros lo que debemos ser.
Él es la manera de cómo vamos ver el mundo. Y todas nuestras relaciones las vamos a ver con los ojos de Jesús: a nuestros padres, hermanos, esposos, hijos, amigos, compañeros, parientes, desconocidos y también a los que nos caen mal y hasta a nuestros enemigos.
Él va a hacer el centro de nuestras decisiones, acciones, deseos y pensamientos. Nuestra relación con Él determina lo que somos y para qué estamos. Nuestra relación con Él va a determinar cómo serán todas nuestras otras relaciones
Prácticamente lo que Jesús dice es: “Yo soy primero. Porque yo soy tu Dios y yo creé a tu padre, madre, hermanos, esposa e hijos. Yo te he creado a ti y todo lo que eres y tienes”.
En nuestro caso, nuestra relación con Él es la base, la raíz, el cimiento y el centro de nuestra catequesis.
Así como nuestras relaciones con las personas que amamos se basan en el amor, así también nuestra relación con Jesús se basa en el amor, pero es un amor que exige más que cualquier otra relación: más amor, más grandeza, mayor profundidad, más esfuerzo, más entrega, más renuncia.
Entonces, regresando a la pregunta importante ¿Cuánto cuesta seguir a Jesús? Jesús nos responde: Todo. Porque todo lo que yo pudiera reclamar como mío, en realidad es de Él.
¿Cuánto cuesta el seguimiento? La respuesta es todo.
¿Cuál es costo de ser discípulo de Jesús?
Este es el costo de ser discípulo: todo
¿Qué significa todo? Jesús lo dice: significa tomar nuestra cruz y seguirlo.
La segunda pregunta: ¿Puedo costearme el seguimiento de Jesús? ¿Puedo pagar este costo?
En el mismo evangelio (Lucas 14, 28-30), Jesús dice que el que quiere construir una torre primero se sienta a calcular cuánto le va a costar y ver si puede pagar para completarla.
Jesús nos pide renunciar a todo. La gran pregunta es si yo puedo pagar ese costo, es decir, tengo que sentarme a calcular si puedo renunciar a todo lo que tengo en relaciones, bienes y posesiones por seguirlo a Él.
¿Cómo respondes a esta tremenda pregunta? Mi respuesta personal: “No lo sé”.
No sé cómo van a ser mis relaciones con mis padres, hermanos, esposa, hija; qué va a implicar amar a Jesús más que a ellos. Cómo van a ser en el futuro. Qué va a cambiar, qué circunstancias y situaciones nuevas va a haber.
Decir sí a Jesús cambiaría toda mi vida en maneras que ahorita ignoro.
Desconozco cómo cambiarían mis relaciones, cómo cambiarían mis decisiones, mis deseos, mis pensamientos.
Desconozco cómo serán mis logros, mis triunfos, mis victorias, mis alegrías, mi paz.
No sé cómo será mi amor.
Simplemente no lo sé.
¿Puedo aceptar la invitación de Jesús a ser su discípulo, a seguirlo tan de cerca que poco a poco me vaya haciendo cada vez más como Él es?
¿Puedo aceptar su invitación a seguirlo como catequista?
Mi respuesta es incompleta y quebrada: Que Él me llame a seguirlo es un honor y un privilegio. Me siento honrado y elegido.
Y me siento un 80% emocionado y lleno de entusiasmo. Pero también tengo como un 20% de temor y miedo.
Miedo a no dar el ancho, a quedarme corto, a equivocarme, a fallarle; porque sé que soy frágil y débil, tacaño en amor, apegado a mis cosas, ideas y relaciones, así soy.
Y aun así, Jesús me llama a seguirlo precisamente porque Él sabe cómo soy, y yo le digo Sí porque sé que Él sabe cómo soy.
No quiero ser sólo un fan de Jesús.
Ser fan está bien, es agradable y es fácil; no cuesta nada, no arriesgas nada, pero tampoco te da nada, te quedas en la superficie, hueco, vacío, sin nada de lo que te puedas sentir orgulloso.
Jesús me pide todo, pero también me da todo.
Con el corazón en la mano, no sé si puedo pagar el costo del seguimiento, pero sí sé que no puedo darme el lujo de no intentarlo.
Conociendo Su amor, no puedo decirle no.
No puedo dejar de intentarlo. Si Él me llama a ser catequista como la forma de seguirlo, entonces voy a intentar darle todo mi amor, toda mi vida, todo mi ser como catequista.
Intentar seguirlo hasta la cruz. Tomar yo mi cruz y seguirlo hasta donde Él quiera llevarme porque pongo en Él toda mi confianza.
¿Cómo empezar?
Sólo hay que empezar.
¡Empiezar! Él me dirá cómo y por dónde.
Sólo hay que empezar.
Todo a Jesús por María, Todo a María para Jesús.
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