El Catequista y la Ignorancia
La ignorancia no es algo negativo.
La ignorancia no es tu enemiga.
La ignorancia puede ser tu aliada.
Pero sólo si la reconocemos y la aceptamos.
Cuántas veces nos encontramos como catequistas en situaciones donde nos enfrentamos con preguntas o dudas o comentarios a los que no podemos responder adecuadamente porque no sabemos muy bien lo que nos preguntan o lo que comentan.
Muchas veces sentimos que si decimos “No sé”, la gente va a pensar que no somos buenos catequistas.
Si decimos que no sabemos los que nos preguntan, a veces se siente como un fracaso.
Sentimos la presión de ocultar nuestras lagunas de conocimiento y a veces hasta exageramos nuestra experiencia: hablamos y actuamos como si de veras supiéramos.
Y asentimos diciendo sí con la cabeza en las reuniones.
Y hasta nos volvemos buenos fingiendo que sabemos.
Pero esta actuación tiene un costo.
Cuando no podemos admitir lo que no sabemos, nos sentimos huecos y superficiales, nos sentimos falsos, pero lo más importante, dejamos de aprender y crecer.
Cuando fingimos saber es la vanidad que le cierra la puerta de nuestro corazón a la acción del Espíritu Santo dentro de nosotros.
Parte del problema de la ignorancia es psicológico. El conocimiento incompleto crea en nosotros una doble carga o efecto en nuestra mente:
Por un lado, sobreestimamos lo que sabemos porque nos falta el conocimiento para ver lo que no sabemos, o sea, no tenemos la capacidad de ver lo que nos falta, no vemos que no sabemos.
Por otro lado, la dimensión social también importa. Cuando nos preocupa lo que otros vayan a pensar y no queremos parecer incompetentes, nuestra curiosidad podría apagarse por completo.
Y también dejamos de hacer preguntas y comenzamos a proteger nuestra imagen de “catequistas que sí saben” y nos cerramos a la gracia del Espíritu Santo.
Eso es un error.
Por ejemplo, en el campo científico, cada ciencia tiene su frontera, ahí donde los conocimientos ya no alcanzan para descubrir y entender las cosas que se estudian. Este es el lugar favorito de los investigadores, es ahí donde pasan sus carreras, muy contentos con lo que no conocen, cómodos en lo desconocido, e incluso emocionados por lo que no saben: porque ahí es donde descubren y aprenden cosas nuevas.
Así nosotros catequistas también podemos dejar de temer a la ignorancia y hacerla nuestra herramienta, nuestra aliada.
La ignorancia no es la enemiga del conocimiento. Al contrario, la ignorancia es el primer paso hacia el conocimiento, Claro, no nos vamos a quedar en el primer paso sino que vamos continuar sin parar.
La ignorancia ya no es algo que hay que ocultar sino algo que podemos usar en nuestro beneficio y para nuestra formación.
La ignorancia se convierte entonces en información pues nos informa de lo que no sabemos.
Cuando dejamos de ocultar lo que no sabemos y comenzamos a tratar la ignorancia como información útil, varias cosas cambian:
• Mayor creatividad. Admitir que no sabes te da permiso para explorar soluciones no convencionales, nos abre la mente para buscar caminos para aprender. Nos ayuda a abrirle el corazón a la acción del Espíritu de Dios para que nos guíe.
• Mejor colaboración. Se supera la situación en que los miembros del equipo de catequesis se enfocan más en aparentar que sí saben para proteger su ego pues la ignorancia se siente como una amenaza que debe ser ocultada y simulan saber, lo que lleva a soluciones superficiales o a ignorar la causa raíz de los problemas y entonces sólo se les dan soluciones cosméticas (o sean se ponen “parches”) para proteger la propia imagen de “catequista sabiólogo” creando una cultura de miedo y resentimiento.
En cambio, la ignorancia reconocida es contagiosa de maneras productivas. Cuando una coordinadora u otra persona del equipo de catequesis admite que no sabe, otros se sienten seguros de hacer lo mismo y los equipos pueden pasar de la resolución de apariencia de problemas a la resolución real de problemas. La ignorancia reconocida (especialmente en una coordinadora) actúa como un despertador de la confianza del equipo y rompe la lucha interna del equipo por parecer perfecto.
Cuando una coordinadora o alguien del equipo dice: "No sé la respuesta, ¿quién puede ayudarme?", está haciendo dos cosas importantes:
- Valida la Humildad: Hace que las demás se sientan seguras de mostrar sus propias dudas o ignorancias.
- Redirige la Energía: La energía del equipo se desvía de la autoprotección (ocultar dudas y errores) a la colaboración (encontrar soluciones).
• Mejor toma de decisiones. Muchas malas decisiones son causadas por que queremos hacer de cuenta que sabemos. Reconocer los límites de tu conocimiento te ayuda a evitar el exceso de confianza.
Así, la resolución de problemas real se enfoca en la verdad y la efectividad, sin importar quién tiene la idea o quién admite que no sabe al principio. El objetivo es llegar al fondo de los problemas para crear una solución duradera.
La ignorancia es una oportunidad para aprender. La coordinadora que admite no saber está sirviendo de ejemplo de la vulnerabilidad necesaria para la innovación. Y esto nos da como resultado que podamos encontrar soluciones robustas y profundas, lograr un aprendizaje organizado y crear una cultura de confianza y colaboración entre las catequistas.
¿Cómo hacemos que la Ignorancia sea productiva, útil, una aliada?
Cuando la coordinadora o cualquier catequista en un ambiente comunitario admite su ignorancia públicamente:
- Se Normaliza la Duda: El equipo se da cuenta de que "no saber es parte del trabajo," no un defecto personal o una falla.
- Aumenta la Búsqueda de la Verdad: Una vez que el miedo a parecer tonto se elimina, la gente saca a la luz sus dudas, sus datos parciales y sus ideas audaces.
- Se Fomenta la Co-creación: La energía que se gastaba en defender el ego ahora se invierte en analizar los datos y probar soluciones, lo que acelera la solución real de los problemas comunitarios.
Hay un Cambio de Perspectiva:
El equipo de catequesis pasa de preguntar: "Si no lo sé, ¿me castigarán? ¿me verán feo" a preguntar: "Si lo digo en voz alta, ¿podemos encontrar la mejor solución más rápido?"
La ignorancia reconocida es, por lo tanto, el primer paso de la humildad que transforma la resolución de problemas de un acto de apariencia a un acto de servicio mutuo y aprendizaje en la vocación a la que nos ha llamado Jesucristo.
Recuperar tu ignorancia no se trata de cultivar falsa modestia o hacer menos valiosa tu experiencia. Se trata de desarrollar una relación más precisa con lo que sabes y no sabes. Aquí hay tres formas simples de hacerlo:
1. Crea mapas de ignorancia. Existen los llamados “mapas mentales” en los que escribes y capturas lo que sabes sobre un tema. Podemos hacerlo al revés: escribe lo que entiendes de un tema, luego marca o resalta explícitamente qué cosas no sabes, qué te falta saber o que necesitas saber más. Finalmente, haz una lluvia de ideas sobre cómo podrías explorar esas lagunas de conocimiento, dónde buscar la información, cómo buscar, a quién preguntar, creando un mini proyecto de investigación.
- Reconoce tus opiniones. Si no puedes explicar algo claramente o defenderlo contra objeciones básicas, probablemente sólo es una opinión en lugar de conocimiento. Y eso está bien, es un principio, solo reconócela como tal. Una opinión no es lo mismo que un conocimiento. Por ejemplo, que hay un solo Dios en tres personas es un conocimiento no una opinión. Que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre también es un conocimiento y no una opinión. Si no estás segura de poder explicar algo claramente, es una oportunidad para aprender y profundizar, y lograr adquirir conocimiento.
- Expresa lo que no sabes. Comienza con situaciones pequeñas y de bajo riesgo. Cuando alguien pregunte sobre un tema o aspecto de la religión o de la iglesia, intenta responder con incertidumbre genuina ("déjame investigarlo y te digo", "todavía lo estoy estudiando", "¡primera vez que escucho de esto, cuéntame más!"), en lugar de inventar una respuesta en el momento que tal vez ni es cierto y puede desconcertar a los interlocutores.
La ignorancia no tiene que ser enemiga del conocimiento. Cuando la enfrentas directamente, puede convertirse en combustible para la curiosidad. Esto requiere saber exactamente lo que sabes, lo que no sabes, y ser honesto sobre la diferencia.
Eso requiere práctica, pero es la única forma de seguir aprendiendo y creciendo para ser fiel a la vocación que Jesús nos encomendó.
Todo a Jesus por María, todo a María para Jesús
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