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Cinco cosas que no son la espiritualidad catequista

Cinco cosas que no son la espiritualidad catequista

La espiritualidad es un don de Dios que tenemos que cultivar con la ayuda del Espíritu Santo.

Él nos da la espiritualidad para desarrollar mejor la tarea a la que Él mismo nos llama.

Como vimos antes, la espiritualidad también es un proyecto de vida que Él nos propone y en el que podemos colaborar para el bien de toda su santa iglesia, específicamente en la catequesis.

Pero en el camino espiritual encontraremos cinco ideas u opiniones que pueden confundirnos y hasta desviarnos.

Lo que no es la espiritualidad:

1.      No es pureza de conciencia. Si bien la pureza de conciencia es un bien deseable y hasta necesario para nuestra vida, la espiritualidad del catequista no se cultiva solamente con un estado de limpieza de intenciones y pensamientos, no es nada más estar libre de pecado mortal o de faltas morales serias, o libre de culpa y del peso de pecados no confesados. No es sentirnos o creernos puros. Necesitamos más que eso para desarrollar nuestra espiritualidad catequista, como veremos más adelante en futuros textos.

2.      No es acumulación de méritos. Las acciones que realizamos por amor a Él no son para que nos reconozcan y agradezcan. No se cuentan ni se enumeran. No se trata de seguir a Jesús para conseguir la fama y el aplauso. La espiritualidad no es un concurso de ver quién hace más por Cristo. La espiritualidad es sólo el amor de hacer lo que Él nos pide.

3.      No es expresión de piedad y culto. La espiritualidad no es muchos rezos, muchas horas santas y misas. Es cierto que la oración y la liturgia son indispensables para la espiritualidad, pero no quiere decir que si me la paso rezando y en misa voy a desarrollar “más” espiritualidad. La espiritualidad del catequista es un balance, un equilibrio entre varios componentes que incluyen ciertamente la oración y la liturgia, pero también son necesarios otros aspectos importantes que iremos viendo a lo largo del año.

4.      No es tener una conciencia progresista. La espiritualidad catequista no significa que debes tener las ideas o inspiraciones más novedosas, tampoco es leer a los escritores católicos más innovadores, ni que conozcas los últimos escritos del papa o de los obispos. Tampoco que sólo tú tienes que promover la renovación de la catequesis o de la parroquia y que tienes el llamado exclusivo a impulsar todos los cambios que necesita la iglesia. Siempre hay aquí el peligro de sentirno superiores a los demás. Sí es importante estar al día, pero es no es la espiritualidad.

5.      No es aumento de paz y serenidad. Aceptar el don de la espiritualidad que Dios nos da y esforzarnos en hacer crecer Su proyecto en nosotros no quiere decir que en automático vamos a tener más paz y serenidad en nuestro corazón. Y mucho menos que, si no hay paz y serenidad en nuestra vida significa que no tenemos espiritualidad o que necesitamos esforzarnos por conseguirla. Al construir nuestra espiritualidad con la ayuda del Espíritu Santo no vamos a conseguir automáticamente paz y serenidad en nuestra alma. Así no es como funciona. Jesús es el Príncipe de la paz y no quiere que primero busquemos la paz que da Dios, sino que busquemos más bien al Dios que da la paz. Porque si tenemos a Dios, lo tenemos todo, aunque no tengamos paz.

La espiritualidad nos conduce a alinear nuestros pensamientos, intenciones y acciones con la voluntad de Dios. Nos ayuda a hacer más grande, más fuerte y más profunda nuestra unión con Jesucristo. La espiritualidad que nos regala Dios y a la que nos invita a decir sí con todo el corazón, en el Espíritu Santo, todos los días, es el camino a la santidad que anhelamos los catequistas.